EDUARDO ZAYAS CUATETL.
La Selección Mexicana tiene programado el inicio de su concentración previo a sus partidos de preparación y partidos del mundial para este 6 de mayo en la Ciudad de México con veinte jugadores de la Liga MX convocados por Javier Aguirre.
Sin embargo, apenas comenzó el proceso y ya se tambalea la credibilidad de los acuerdos entre clubes y Federación. La razón es que, en teoría, la Dirección de Selecciones Nacionales había presumido un pacto con los dueños de la Liga MX: los jugadores convocados al Tri no podrían disputar partidos oficiales más allá de la Jornada 17, recibirían unos días de descanso y después se reportarían en el Centro de Alto Rendimiento bajo las órdenes de Javier Aguirre.
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| Excélsior |
Ese acuerdo buscaba garantizar que todos llegaran en igualdad de condiciones, con tiempo suficiente para recuperarse físicamente y mentalmente antes de iniciar la concentración rumbo al Mundial.
Pero la realidad contradijo el discurso, Toluca recibió un permiso especial para que Alexis Vega y Jesús Gallardo jugaran la Semifinal de Vuelta de la Concachampions, un partido que coincidía exactamente con la fecha de inicio de la concentración. Mientras tanto, clubes como Chivas tuvieron que acatar la regla y liberar a cinco de sus titulares, quedando debilitados para la Liguilla, lo que se presentó como un acuerdo general terminó siendo un compromiso frágil, sujeto a excepciones y negociaciones de último minuto.
Lo que debía ser un inicio ordenado y disciplinado rumbo a la Copa del Mundo se convirtió en un reflejo de los vicios que arrastran al fútbol mexicano desde hace décadas: favoritismos, improvisación y reglas que se aplican de manera selectiva.
El caso de Alexis Vega y Jesús Gallardo es el ejemplo más claro de cómo los compromisos se rompen cuando conviene. Ambos futbolistas fueron liberados para disputar la Semifinal de Vuelta de la Concachampions con Toluca, pese a que el pacto con los dueños de la Liga MX establecía que los convocados no jugarían más allá de la Jornada 17. Mientras Chivas se quedó sin cinco titulares para la Liguilla; Brian Gutiérrez, Piojo Alvarado, Hormiga González, Tala Rangel y Luis Romo, Toluca recibió un “permiso especial” que desnuda la desigualdad en el trato https://www.youtube.com/watch?v=7L3w9lQ4Y0U. La pregunta es inevitable: ¿Qué vale más, la preparación de la Selección Nacional o los intereses inmediatos de un club?
El presidente de Chivas, Amaury Vergara, lo dijo con claridad en redes sociales: los acuerdos solo funcionan si todas las partes los respetan y tiene razón. ¿De qué sirve presumir un calendario consensuado si, en la práctica, se hacen excepciones que benefician a unos y perjudican a otros?
La Selección debería ser un espacio de unidad, pero hoy parece un terreno de privilegios. La actitud relajada de Antonio Mohamed, técnico de Toluca, al bromear sobre “meterlos a la cancha si llegan” refleja la falta de seriedad con la que se maneja un tema que debería ser institucional. No es un asunto menor: hablamos de la preparación rumbo a un Mundial en casa, donde México no puede darse el lujo de improvisar.
El costo de esta improvisación es doble. Por un lado, erosiona la confianza de la afición en el proyecto de Javier Aguirre. Si desde el arranque se permiten excepciones, ¿Qué mensaje se envía a los jugadores? ¿Qué algunos tienen carta blanca mientras otros deben sacrificarse?
Por otro lado, afecta directamente la competitividad de la Liga MX. Chivas, que perdió a cinco elementos clave, enfrenta la Liguilla en desventaja, mientras Toluca conserva a sus figuras en un partido internacional. La desigualdad no solo es deportiva, también es institucional: se privilegia a unos clubes sobre otros, y se rompe la idea de que la Selección es un compromiso superior.
La polémica también revela un problema estructural: la falta de autoridad de la Federación Mexicana de Futbol. Si la Dirección de Selecciones Nacionales presume acuerdos con los dueños, pero luego los rompe con permisos especiales, ¿Qué credibilidad puede tener?
La preparación rumbo al Mundial 2026 debería ser un proyecto nacional, con reglas claras y respetadas por todos. En cambio, se convierte en un juego de intereses donde la disciplina se negocia y la palabra empeñada se diluye.
Este tipo de contradicciones no son nuevas en el fútbol mexicano. La Federación suele anunciar medidas de disciplina y orden que, en la práctica, se diluyen frente a la presión de los clubes, los intereses económicos y la necesidad de resultados inmediatos. Lo que debía ser un mensaje de autoridad, “quien no se presente quedará fuera”, se convierte en una frase hueca cuando se permite que algunos jugadores lleguen tarde, que otros tengan permisos especiales y que las reglas se apliquen de manera desigual.
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El problema no es solo la falta de coherencia, sino el impacto que tiene en la credibilidad del proyecto rumbo al Mundial 2026: si desde el inicio se muestran fisuras, ¿Qué confianza puede tener la afición en que habrá disciplina y seriedad en el camino hacia la Copa del Mundo?
El Mundial 2026 es una oportunidad histórica para México y jugar en casa implica una responsabilidad mayor: mostrar al mundo un fútbol serio, competitivo y organizado. Pero si la concentración del Tri comienza con favoritismos y excepciones, el mensaje es preocupante. No se trata solo de Alexis Vega o Jesús Gallardo, sino de lo que representan: la idea de que en el fútbol mexicano siempre hay margen para la improvisación, siempre hay espacio para el privilegio, siempre hay reglas que se pueden doblar.
La Selección Nacional debería ser un espacio de disciplina y equidad. Todos los jugadores convocados tendrían que cumplir las mismas reglas, sin importar el club al que pertenezcan. Si la Federación no logra imponer esa disciplina, el Tri llegará a la Copa del Mundo con más dudas que certezas. Y esas dudas no son menores: afectan la confianza de la afición, la credibilidad del proyecto y la seriedad con la que México se prepara para un torneo que marcará su historia.
La pregunta que queda en el aire es incómoda pero necesaria: ¿tenemos una Selección Nacional o una Selección de privilegios? Porque mientras unos clubes se ajustan a la norma, otros reciben concesiones que ponen en entredicho la palabra empeñada. Y en el fútbol, como en la vida, la credibilidad se construye con hechos, no con discursos.
Si México quiere llegar al Mundial 2026 con autoridad y respeto, debe empezar por respetarse a sí mismo o de lo contrario, la concentración rumbo a la Copa del Mundo será recordada no como el inicio de un sueño, sino como la confirmación de un viejo problema: en el fútbol mexicano, las reglas existen, pero no siempre se cumplen.
NOTA DE LA REDACCIÓN:
A las 8:30 am de este miércoles, la
Federación mexicana publicó un comunicado que dice: “Como se publicó el pasado
martes 28 de abril, la concentración para la selección nacional de México para los
tres partidos de preparación ante Ghana, Australia y Serbia, y la copa del
mundo, iniciará este miércoles 6 de mayo a las veinte horas con veinte
jugadores de la liga MX convocados por el director técnico Javier Aguirre.
Todos los jugadores deberán reportarse en el Centro de Alto Rendimiento de la ciudad de México. Por instrucciones del cuerpo técnico, el jugador que no acuda hoy a la concentración quedará fuera de la Copa del Mundo”.
Dicho comunicado no cambia la esencia de esta entrega: Falta de coherencia, de credibilidad, de proyecto deportivo. “La preparación rumbo al Mundial 2026 debería ser un proyecto nacional, con reglas claras y respetadas por todos. En cambio, se convierte en un juego de intereses donde la disciplina se negocia y la palabra empeñada se diluye”.
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