EDUARDO ZAYAS CUATETL. El Mundial siempre ha sido sinónimo de fiesta, de unión y de pasión compartida. Cada cuatro años, millones de personas alrededor del planeta se conectan con un mismo latido, el del fútbol. Sin embargo, el torneo de 2026, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, está dejando claro que esta edición será recordada como un Mundial diferente. No por los goles, ni por las hazañas deportivas, sino por las restricciones, las humillaciones y el control excesivo que han marcado la experiencia, especialmente en territorio estadounidense. Instagram La primera señal de que algo no marchaba bien llegó con la selección de Uzbekistán. Al arribar para disputar su partido frente a Países Bajos, el equipo fue tratado como si sus integrantes fueran delincuentes: requisados por la policía y sometidos a un proceso humillante que nada tiene que ver con el espíritu deportivo. En lugar de recibirlos como representantes de una nación que viene a competir con dignid...