ANTONIO ABASCAL. Un viejo fantasma revolotea, se empieza a mover, se acerca sigilosamente, afila sus dientes, tiene hambre y sed tras cinco años en que lo han tenido atado y no ha podido cobrar deudas ante los mediocres que viven en los últimos lugares de la tabla de cocientes del futbol mexicano; es un fantasma que aterrorizó durante muchos años al Puebla, que dos veces pudo clavar sus dientes en la Franja, aunque sólo en una ocasión lo arrastró hasta la que en ese momento se llamaba Primera “A”. El fantasma del descenso está despertando, se estira y se da cuenta que nuevamente el equipo camotero puede ser su víctima, por eso se acerca, sigue a la escuadra, incluso parece que ya la puede tocar, pero la Franja sigue caminando en medio de la oscuridad, tratando de palpar algo a lo cual asirse sin encontrarlo (como aquella escena de “El Silencio de los Inocentes”, aunque con la diferencia de que Clarice Starling sí se daba cuenta del peligro en el que estaba en la casa del asesino seri...