ANTONIO ABASCAL. “¿Qué interés tendría una pequeña olimpiada femenina al lado de la gran olimpiada masculina?” se preguntaba Pierre de Fredy, barón de Coubertin para contestarse: “Nada práctica, sin interés, nada estética y aún más…incorrecta; en nuestra concepción debemos seguir buscando la exaltación solemne y periódica del atletismo masculino…con el aplauso femenino como premio”. Eran los tiempos en que otra francesa, Alice Milliat, buscaba que el programa olímpico del atletismo se abriera a las pruebas femeninas, Coubertin dejó en claro que no estaba de acuerdo y mantuvo la prohibición a la participación de las mujeres en esta disciplina hasta que dejó la presidencia del Comité Olímpico Internacional en 1925, sólo tres años después en Ámsterdam 1928 ya hubo algunas pruebas atléticas para mujeres donde brillaron la estadounidense Elizabeth Robinson, la alemana Lina Radke, la polaca Halina Konopacka y las canadienses Ethel Catherwood, Myrtle Cook, Ethel Smith, Fanny Rosenfe...