ANTONIO ABASCAL. 18 de julio de 1976, una niña rumana de catorce años aparece en la rutina obligatoria de las barras asimétricas para presentar un ejercicio limpio y espectacular, que sorprende a propios y extraños, entre ellos a los jueces que sueltan calificaciones de diez, la pantalla electrónica no está preparada y publica “1.00” que todavía sorprende más a los espectadores y a esa niña que mientras esperaba su calificación sonreía nerviosa y en ese momento ya no sabía qué hacer. En ese preciso instante, el deporte, la gimnasia estaba cambiando para siempre gracias a una niña nacida en Onesti (una población que en ese entonces llevaba el nombre de Gheorghe Gheorghiu-Dej en honor del líder comunista fallecido en marzo de 1965). Años más tarde, la propia Nadia recuerda ese momento: “Yo era la última en paralelas y tenía que ir corriendo a la barra de equilibrios. En circunstancias normales no lo habría mirado, nunca lo hacía, pero escuché un ruido anormal entre el público. ...