LA DELGADA LÍNEA ROJA DEL DOPAJE.
ANTONIO ABASCAL.
El título está
inspirado en el nombre de una novela que narra las peripecias de soldados
estadounidenses en la batalla de Guadalcanal durante la Segunda Guerra Mundial,
también lo llevaba una película de 1998 dirigida por Terrence Malick que es
considerada ya como un clásico del género bélico y que está basada en la novela
a la que ya hacíamos alusión.
Sin embargo, hoy aquí
hablaremos de otra batalla, la que el Comité Olímpico Internacional, desde la
llegada de Jacques Rogge a la presidencia, ha encabezado contra el dopaje. A
partir de su posición se creó la Agencia Mundial Antidopaje y sus oficinas en
cada país.
El último caso de
dopaje “mediático” es el de Lance Armstrong, ganador siete veces consecutivas
del Tour de Francia y un hombre que se convirtió en ejemplo para muchos después
de superar su batalla contra el cáncer y regresar para triunfar en la “Grand
Boucle” http://www.youtube.com/watch?v=XPS-ygfFWCM.
El caso Armstrong es un
ejemplo de la hipocresía del status quo del deporte, la misma hipocresía que
rodea al beisbol de las Grandes Ligas.
El mayor triunfo de
Armstrong fue vencer al cáncer. Había iniciado una carrera (hasta ese momento
discreta) tanto en Juegos Olímpicos como en el Tour de Francia, se retiró a
causa de la enfermedad que lo aquejaba y cuando lo dieron de alta regresó más
fuerte para ganar los siete tours consecutivos y un bronce en Sydney 2000 en la
modalidad contrarreloj. Siempre hubo acusaciones de doping pero nunca se
comprobaron. El único positivo del nativo de Texas fue “borrado” por una
prescripción médica.
Durante los años de
gloria del texano sólo el diario “L´Equipe” se atrevió a cuestionar sus
procedimientos y resultados, pero Armstrong vendió la idea de que era víctima
de una persecución por la envidia del diario galo de los éxitos de un
estadounidense. En esos años, Armstrong contribuyó a la grandeza del Tour, lo
hizo más mediático y creció el interés en Estados Unidos por el ciclismo.
Su fundación “Livestrong”
con sus pulseras amarillas se convirtió en un hito del marketing deportivo.
Durante ese tiempo todos los organismos incluyendo a la Unión Ciclista Internacional, el Tour de
Francia y hasta el Comité Olímpico Internacional gozaron de los éxitos de
Armstrong.
Jan Ullrich, campeón
del Tour de Francia en 1997 quien admitió su dopaje en el libro que escribió
reconocía que para ganar el Tour hay que doparse. Pedro Horrilo, ciclista
español contemporáneo de Ullrich y Armstrong y hoy columnista del diario español "El País" se muestra en contra de esas
declaraciones y señala que en sus tiempos algunos en el pelotón no iban dopados
y eran calificados como “gilipollas”. Lo cierto es que si atendemos a las
declaraciones de Horrillo y a las de Ullrich tendremos que convenir que la
mayoría, que no todos, de los ciclistas de finales del siglo XX y principios
del XXI iban dopados.
Ahora bien, esa
práctica dopante se dio bajo el amparo de las mismas organizaciones que hoy se
escandalizan. El Tour creció como producto mediático, sus etapas de montaña
son, hasta la fecha, cada vez más espectaculares y un reto mayor para los
ciclistas, Estados Unidos tuvo un deportista ejemplar y se benefició con su
figura, el Comité Olímpico Internacional todavía no fija su postura respecto al
informe que la Agencia Antidopaje de Estados Unidos presentó para documentar el
doping sistemático de Armstrong y de sus equipos, el Discovery Channel y el US
Postal.
Hoy Nike y Trek rompen
con el ciclista texano que también ha tenido que renunciar a la presidencia de
Livestrong. Al parecer el informe de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos
está tan bien construido, incluso con las pruebas de los pagos del texano al doctor Michelle Ferrari, que hay pocas dudas; Armstrong se dopó durante años.
El caso Armstrong es
parecido a los de los jugadores de Grandes Ligas acusados de dopaje por
consumir sustancias que en su tiempo no estaban prohibidas. Barry Bonds fue
fundamental para restituir el interés del beisbol después de la huelga de 1994,
así como también los números y actuaciones de Roger Clemens en el pitcheo.
La verdadera lucha
contra el dopaje debe iniciar ahora con reglas claras y los métodos más
adelantados para detectarlos. Todos los organismos involucrados en el deporte
deben estar en la misma sintonía y no puede haber políticas distintas. Los atletas deben conocer qué sustancias son
dopantes, los niveles de las sustancias en la sangre también deben ser públicos
y, sobre todo, no puede haber distintos tipos de sanciones ante la misma “falta”
como en el caso Contador y el de los jugadores de la selección mexicana por su
positivo por clembuterol.
Toda esta historia se
puede resumir en dos puntos: 1.- Urge que se publique la prueba más importante
en torno al dopaje de Armstrong: Los niveles de sangre y su relación con la EPO
y 2.- A partir de este momento, una obligación de los atletas será estar informados
acerca de las sustancias por las que pueden dar positivo y sus posibles
consecuencias en su salud.
Por otro lado, no deja de llamar la atención que los dos máximos golpes contra el dopaje involucren a atletas estadounidenses: El "dopaje sistemático" del US Postal y Lance Armstrong, así como el caso "Balco" que hundió a la reina de Sydney 2000, Marion Jones.













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