OCTUBRE DE 1968 NO SE OLVIDA.
Por:
David Alberto Badillo.
El recuerdo del otoño
de 1968 tiene una dicotomía muy particular para el pueblo mexicano, huele y
sabe a muchas cosas. Todas ellas han trascendido a su época y son historia. Historia,
sin más epítetos.
En octubre de 1968,
México recibía la sede de los XIX Juegos Olímpicos de la era moderna, sin
embargo las cosas no eran precisamente todo color de rosa. Se maquilló la
animadversión de muchos y al final el deporte sacó la cara.
En el plano deportivo
México consumó uno de los más fantásticos sueños. Se convertía nuestro país, en
la primera nación latinoamericana en organizar unos Juegos Olímpicos. El primer
país en vías de desarrollo, o sin el eufemismo, el primer país pobre, en vibrar
con una justa de tal dimensión http://www.youtube.com/watch?v=4RbOjqpRaNc.
La delegación
mexicana consiguió nueve medallas, la marca que de hecho permanece. Pero además
la organización fue impecable y el rostro del México de los sesentas fue el
rostro de un país amable, fraterno y cariñoso. Todo lo anterior es una
descripción puntual de aquel país, y en buena medida lo sigue siendo del México
de hoy.
La infraestructura
que pervive, de todos aquellos escenarios deportivos de ensueño, fue
probablemente una de las aportaciones más importantes del movimiento olímpico
para México.
En el caso de Puebla,
que fue sub sede de algunos partidos de futbol, la aportación fue en forma de
estadio. El Cuauhtémoc abrió sus puertas el domingo 6 de octubre de 1968 con un
partido México vs Checoslovaquia que
terminó con el marcador de 1-1, anotando Isidoro Díaz por el tricolor y Stratil
por los Checos. Y como preliminar
un juego Puebla vs América. Después se realizarían partidos de los
Juegos Olímpicos destacando un duelo entre México y España de los cuartos de
final que ganó el equipo mexicano.
El equipo tricolor
posteriormente perdería con Japón la medalla de bronce. Pero la delegación en
general acumuló éxito, triunfos, y por añadidura cariño del fervoroso pueblo
mexicano.
Los juegos fueron un
bálsamo social indiscutible. La novia de México, Vera Caslavska http://www.youtube.com/watch?v=sYqG7IG4b4U, el inconmensurable
Dick Fosbury http://www.youtube.com/watch?v=PdEn5Q9UFlw y el Black Power de Tommie
Smith y John Carlos http://www.youtube.com/watch?v=ocu-llaGEnY, fueron parte de una fiesta
de color y de unión irrepetible.
Qué envidia para los
jóvenes, viejos, niños, adultos y todos aquellos que pudieron disfrutar la
magia de unos olímpicos en casa. Seguramente nosotros no veremos algo así, por
lo mismo la generación del 68 fue muy afortunada.
El 12 de octubre de
1968, fecha en que se inauguraron los juegos en el Estadio Olímpico México 68,
no se olvida. Es uno de los pasajes más emotivos de la historia moderna de
México.
Pero el 2 de octubre
del mismo año, tampoco se olvida. Porque a la par de la fiesta, los días de estío
del hoy lejano 1968, no eran miel sobre hojuelas para la “inteligencia
mexicana”. Término de Octavio Paz, por
cierto, el único funcionario público que renunció tras la masacre en
Tlatelolco.
El deporte reivindicó
la imagen de México y asumió lo que le corresponde, el rol de placebo y de
distractor, de entretenimiento y también de proveedor de paz. Los Juegos
Olímpicos fueron el oasis de un pueblo que crecía, no sólo en cantidad, sino en
edad. La adolescencia y la madurez le llegaron a México con lecciones y pasajes
muy crueles.
Afortunadamente el
deleite de los Juegos Olímpicos es lo que queda en la memoria colectiva, de
manera predominante. Pero el octubre de 1968 no se olvida, es el mes que se
quedó marcado con tinta indeleble en el calendario mexicano.
Muchos años después,
cuarentaiocho para ser precisos, Latinoamérica tendrá de nueva cuenta la
oportunidad de albergar unos olímpicos. Brasil el país organizador; tiene el
reto de honrar al deporte y de responderle a un pueblo ávido de éxitos. México
a pesar de los pesares lo logró y lo recordamos. Lo recordamos con la memoria
un poco adolorida pero intacta.












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