Por:
David Alberto Badillo.
A lo largo de casi un siglo
de futbol en México, la evolución que han sufrido los estadios es asombrosa.
Desde los pequeños campos
completamente improvisados en las primeras décadas del siglo XX. Capaces de ser
recintos multiusos, listos para varias disciplinas deportivas. Pasando por los
parques de madera, que albergaron el inicio de las grandes pasiones,
rivalidades, equipos y leyendas.
Hasta los imponentes escenarios
de concreto que surgieron a la luz de la televisión -que podían ya- aglutinar a decenas de miles de aficionados.
Primero la llegada del estadio
primigenio de concreto en el país: el de Ciudad de los Deportes. Enclavado en
las profundidades de Insurgentes en la Ciudad de México, igual que la Plaza
México.
Después los inmuebles hechos
realmente para el atletismo y el futbol americano, que colateralmente se convirtieron en los primeros grandes
coliseos futboleros de México. Dos en particular, el Tecnológico de Monterrey y
el Olímpico Universitario de la U.N.A.M.
Posteriormente la
“modernidad” del Azteca, el Jalisco, el Cuauhtémoc, el Universitario de Nuevo
León, el Campo Nuevo, la Corregidora y el Morelos.
No cabe duda, santuarios
futboleros en el que por lo menos dos generaciones de aficionados crecimos,
pero que por más mundiales, olímpicos y panamericanos… se hicieron viejos y por
añadidura obsoletos.
Por eso se tiene que
aplaudir lo hecho por Jorge Vergara en Guadalajara, con su hermoso Omnilife,
también la ampliación y remodelación de Pachuca, que poco a poco creció y hoy
es uno de los destinos turísticos de su ciudad. O la erección del necesarísimo
Estadio Corona, el nuevo, en Torreón.
En Monterrey se espera que
para mayo esté listo un nuevo estadio. Moderno y digno de la fabril y poderosa
“Sultana del Norte”.
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En la capital se espera que
pronto comience la licitación de la remodelación del Estadio Azteca, podría
inclusive contemplarse un cambio de nombre. Crear alguna sinergia entre la
empresa dueña del inmueble y alguna trasnacional importante, para que el
escenario futbolero más grande del país sea un lugar digno de tal fama.
En el caso de los estadios
poblanos de futbol, la evolución también ha sido muy significativa. En los
primeros años del siglo XX con la aparición del futbol en México, a Puebla
llegaron los empresarios banqueros ingleses.
El Banco de Londres fundó el
British Club. Equipo que competía frente a los clubes más importantes de la
época. Todos conformados por jugadores, directivos y hasta aficionados de
Inglaterra. Los legendarios Pachuca, el Orizaba y el Reforma de la Ciudad de
México, fueron los primeros contrincantes.
Efímera vida del primer
equipo de Puebla en el futbol, que jugaba en el antiguo velódromo situado en un
enorme territorio que comprendía desde la 11 y 13 sur y entre la 11 y 17
poniente. Antes de ser velódromo fue también hipódromo. Databa desde 1893.
Con la llegada del futbol
profesional y la fundación del Puebla, se inauguró en 1944 el campo del
Mirador. Obra del arquitecto Roberto Cortázar, la primera casa del Puebla fue
un escenario con gran sabor, pero insuficiente para mantener la elevada nómina
de la Franja.
Para 1956 desapareció el
Puebla y junto con él, el famoso estadio de madera.
El futbol regresó a Puebla,
nuevamente con el estreno de otra casa. La llegada de los camoteros a la
segunda división en 1964 convirtió al Estadio Ignacio Zaragoza en el nuevo
hogar del balompié poblano.
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Época sin duda romántica
para el deporte en Puebla. Los Pericos del beisbol y el Puebla del futbol
compartían sede.
Durante cuatro años el
Puebla y los Pericos compartieron estadio. Con aforo para 25 000 aficionados y
sobre todo con múltiples incomodidades que generaba el escenario, muy pronto se
dieron a la tarea los directivos del Puebla y el Gobierno del Estado de crear
un estadio moderno, cómodo y funcional. Es
así como surge el Estadio Cuauhtémoc de Puebla para el año de 1968.
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El arquitecto Pedro Ramírez
Vázquez fue el encargado del diseño del nuevo estadio de Puebla. Con el anunció
de la realización de la copa del mundo de 1970 en México y de la subsede de
Puebla, la intención se convirtió en realidad y el Estadio Cuauhtémoc se erigió
como la casa futbolera de los poblanos.
Para el mundial de 1986 que
se organizó en México casi como emergencia, el inmueble de la colonia
maravillas vivió su primera gran remodelación y ampliación.
De 35 mil aficionados pasó a
casi 46 mil, con dos rampas, una en la tribuna oriente y otra en la poniente. Además
de la construcción de dos nuevos niveles de palcos en cada una de ellas.
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Hoy, la modernidad alcanzó
al futbol y en Puebla no podía ser la excepción. El Estadio Cuauhtémoc tendrá una remodelación
y ampliación espectacular. 566 millones, 567 mil pesos en inversión por parte
del Gobierno del Estado, para darle al Estadio Cuauhtémoc vida y convertirlo en
uno de los mejores estadios de México.
Además el aforo se
incrementará a casi 50,073 aficionados. Con lo que únicamente el Estadio
Azteca, el Olímpico México 68 y el Estadio Jalisco, tendrán un cupo mayor.
Por el momento el Puebla
jugará en el Estadio Olímpico de la BUAP. Será su nueva casa y ahí tendrán que
hacer su fortaleza, el Puebla tiene que jugarse como local buena parte de la
salvación.
Sí será un sacrificio, pero
bien vale la pena con tal de tener próximamente un hermoso Estadio Cuauhtémoc.
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