David Alberto Badillo.
Puebla y Monterrey sostienen
una enorme rivalidad, se trata de uno de los duelos más añejos en la historia
del beisbol mexicano. Se han visto las caras en varias ocasiones, siendo el
primer momento de gran pasión el que se vivió en 1947 cuando los “fantasmas
grises” y los Pericos definieron al campeón.
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La pelea por el título de la
liga mexicana de 1947, estuvo entre los Industriales de Monterrey manejados por
Lázaro Salazar, que era manager-jugador, y los Pericos de Puebla con Adolfo Luque al
timón.
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Los dos equipos encabezaban el
standing con Monterrey teniendo juego y medio arriba de los Pericos, al momento
que ya en la recta final de la campaña les tocó ir a los regios a una serie de
cuatro juegos que podría ser definitiva en Puebla, contra un equipo verde que
estaba repleto de pitchers abridores estelares.
La mayoría vaticinó que para
el final del compromiso entre los Industriales y los Pericos ya el equipo
de la angelópolis estaría en el primer lugar, no había duda de la superioridad
poblana.
Para muchos expertos del
beisbol, el equipo más poderoso que han tenido los Pericos de Puebla y uno de
los más completos equipos que han existido en la liga mexicana, es justo ese Puebla
de 1947.
Adolfo Luque anunció el
orden de sus abridores para los cuatro juegos, comenzando con Salvatore Maglie
que iba para su segunda temporada seguida de 20 victorias, en el primero; el
zurdo Adrián Zabala en el segundo; Sandalio Consuegra en el tercero y el
tremendo zurdo Agapito Mayor en el cuarto.
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Maglie sería un pitcher estelar de los Gigantes y los Dodgers al
regresar en 1949 a las ligas mayores,
siendo el rival de Don Larsen en el famoso juego perfecto de la serie mundial
de 1956 y vale la pena la digresión.
Y es que el “Barbero” Maglie
de los Dodgers en el quinto partido de la serie mundial se enfrascó en un
duelazo ante Don Larsen de los Yankees.
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Fue el 8 de octubre de 1956,
en la casa de los Yankees de Nueva York cuando se jugó el quinto partido del
clásico de otoño.
El manager de los “Mulos de
Manhattan”, Casey Stengel dio la responsabilidad de abrir en la loma de pitcheo
a Don Larsen, que enfrentaba a los Dodgers de Brooklyn con Salvatore Maglie en el
montículo.
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El llamado “Barbero” llegó a
la cuarta entrada sin aceptar carrera, hasta que un cuadrangular de Mickey
Mantle por el jardín derecho rompió el duelo de ceros, más tarde en la sexta los Yankees
hicieron su segunda anotación.
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A esas alturas del partido,
Don Larsen se había convertido en la figura principal; en las tribunas del
viejo Yankee Stadium ya se respiraba el aroma de la hazaña y el noveno inning
llegaba con el entusiasmo de los aficionados desbordado; todos estaban de pie y
Larsen consiguió los dos primeros outs sin mayores problemas. La emoción era
más fuerte cuando vino a batear como emergente, Dale Mitchell, que vio pasar un
tercer strike muy dudoso, el cual sirvió para hacer realidad el primero y hasta
hoy único juego perfecto en la historia de la serie mundial.
Muchas veces se omite el
nombre de Sal Maglie cuando evocamos ese mítico partido, sin embargo es digno
de encomio el formidable trabajo del ex perico https://www.youtube.com/watch?v=i1aUAw6fjd8.
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Retomando nuestra historia,
vale la pena presumir que además de Maglie que era el as del pitcheo poblano,
estaban otras figuras rutilantes como Zabala y Consuegra que completaban la
rotación de los emplumados y jugarían también en la gran carpa, con
este último siendo pitcher campeón en la temporada 1954 de la liga americana.
Agapito Mayor por su parte, llevaba
años de ser gran estrella en Cuba y en México, teniendo todavía actualmente la
marca de más victorias por un pitcher zurdo en un año con 23, récord que
comparte con Alfredo Ortiz.
En cuestión de bateo los
Pericos eran igualmente una constelación de estrellas, con Beto Ávila que ese
año ganó la corona de bateo, el cubano Napoleón Reyes, el americano Arthur
Pennington, el primer líder robador de Puebla “Chanquilón” Díaz, los cubanos
Alejandro Crespo y “Sagua” Hernández y el dominicano Luis St. Claire de
cátcher. Era un trabuco el Puebla del 47.
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Pero Monterrey era también
una maquinita de beisbol, aunque no tenía a tantos estrellas y su pitcheo
estaba escaso a comparación del gran arsenal que tenían los Pericos.
El primero de esa serie
decisiva se celebró el jueves 25 de septiembre de 1947 en el viejo parque Puebla
y ríos humanos llegaban al viejo estadio de madera, anticipando la victoria
poblana, era un día de fiesta. Imposible que perdieran los queridos Pericos con
el equipo que tenían.
Podemos decir que había
inclusive un dejo de soberbia puesto que el segundo campeonato de Puebla se
daba por descontado.
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Cuando le preguntaron al
manager del Monterrey, Lázaro Salazar, si no le aterraban los cuatro pitchers que
habían anunciado los Pericos, tuvo como respuesta inmediata: “Solamente pueden
usar uno al mismo tiempo.”
Salazar se decidió por el
venezolano Alejandro Carrasquel, el primero de su país en llegar a ligas mayores,
para el primer juego contra Maglie y fue sorpresa ya que había estado la mayor
parte del tiempo como relevista.
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La fiesta en el parque Puebla
aumentó en la tercera entrada cuando Pericos anotó la primera carrera por un
error del torpedero Lou Klein quien había venido en 1946 procedente de los
Cardenales de San Luis. Mientras tanto Sal Maglie puso siete ceros y el juego
seguía 1-0 al abrir la octava entrada.
Carrasquel, un tipo alto y fornido,
recibió base por bolas que fue de funestas consecuencias para Maglie y Puebla,
entrando a correr el joven infielder Pepe Bache por él. El cubano Agustín
Bejerano siguió con sencillo y Bache llegó a tercera, moviéndose a segunda al
apodado “Pijini” Bejerano al ir el tiro a la antesala. El mismo Lázaro
Salazar tomó la responsabilidad al batear de emergente, pero Luque ordenó la
base intencional para llenar la casa.
Con la casa llena vino a
batear el legendario zurdo Héctor “La Mala” Torres y con elevado al jardín
central llegó la carrera del empate a uno ante la desesperación de los
aficionados. El tercer out fue Lou Klein en un elevado a primera.
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Para el cierre del noveno
rollo, Salazar llamó a relevar al derecho cubano Armando “Indian” Torres,
también un pitcher especial, y comenzó a realizar un gran trabajo en un juego
que se fue a entradas extras.
Ceros y más ceros en la
pizarra y el juego seguía empatado a una carrera después de 13 episodios,
con Maglie todavía en la lomita de los emplumados.
En el inning 13, Puebla tuvo la mesa puesta para la victoria cuando con dos outs se
descontroló “Indian” Torres y dio tres pasaportes para llenar la casa.
Le tocaba batear al cátcher
St. Claire, pero Adolfo Luque puso como emergente al pitcher zurdo Adrián
Zabala que era buen bat. Sin embargo “Indian” Torres recuperó el control y
eliminó a Zabala en rola por primera que manejó Carlos Blanco.
Para el principio del inning
14 el veloz cubano, Pablito García, abrió con hit y avanzó a tercera en rolas
consecutivas de Carlos Blanco y el emergente “Dumbo” Ayala. Y entonces Héctor
”Comadre” Leal tuvo la mesa puesta para cubrirse de héroe al conectar una línea
de hit y traer la carrera de la ventaja, 2-1.
En el cierre del inning 14,
Indian Torres puso su sexto cero seguido y de esa manera el parque de Puebla
guardó un silencio sepulcral. La fiesta se había convertido en una tragedia
beisbolera. Perdían 2-1 en 14 innings con su mejor pitcher partiéndose el brazo
por la victoria.
Es probable que Maglie
recordara 9 años después en Yankee Stadium -durante el perfecto de Larsen- el
episodio ocurrido en el campo que se encontraba frente al panteón municipal de Puebla.
Par de “joyas” lanzadas por
Maglie, una en México y la otra en los Estados Unidos, pero acompañadas por la
amarga derrota de sus equipos en la definición de los campeonatos.
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Resulta increíble lo que una
victoria y una derrota puedan influir en dos equipos. La moral de Monterrey
subió hasta el cielo y ganó los tres juegos restantes, el segundo 4-2 con
Lázaro Salazar superando a Adrián Zabala como pitcher, el tercero 5-2 con Daniel
Ríos siendo el lanzador ganador sobre Sandalio Consuegra y el cuarto 6-5
con Lázaro Medina y Carrasquel venciendo a Agapito Mayor.
Los Industriales salieron
con cinco juegos y medio de ventaja de la serie que no podía perder Puebla.
Estrepitosa lección para la
afición y los medios, para eso sirve la historia, para recordarnos que en
cualquier deporte no se puede cantar victoria antes de tiempo. Y eso lo podemos
trasladar a los Pericos del 2016 que están jugando una gran pelota y lucen como
favoritos, sin embargo nadie se puede confiar en un beisbol tan competitivo
como el de México.
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| AGENCIA: ENFOQUE |
Al final, Monterrey ganó el
campeonato de 1947 con récord de 70-47 con seis juegos de ventaja sobre los
Diablos Rojos que terminaron en segundo, ya que el Puebla se desmoronó después
de esa serie y finalizó en tercero, a ocho juegos.
El peor fracaso de Adolfo
Luque en su paso por la liga mexicana y el mejor triunfo de Lázaro Salazar,
quien después ganó otros dos títulos seguidos más, para que Monterrey y
él impusieran la marca que persiste de tres coronas en forma consecutiva. Nadie
más lo ha podido hacer.
Muchos años tuvieron que
pasar para que Puebla se pudiera cobrar aquella afrenta, fue hasta 1986 cuando
los Ángeles Negros de Puebla despedazaron a los Sultanes en la serie final que
ganaron por 4 juegos a 1. Siendo la única victoria para Monterrey, la obtenida
en el primer partido de la serie con gran serpentina de Mercedes Esquer en el
parque Hermanos Serdán.
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Sin embargo durante muchos
años, los aficionados de la vieja guardia, almacenaron ese recuerdo amargo del
primer campeonato que Puebla perdió en la liga mexicana de beisbol. La tragedia
de 1947.














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